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La
sonrisa marcada de un vikingo.
La odontología cosmética parece haber estado de moda entre los
vikingos hace un milenio. Trás examinar 22 cráneos hallados en
cuatro cementerios suecos, Caroline Arcini, del Consejo de
Patrimonio Nacional de Suecia, descubrió que hacían surcos en sus
dientes superiores, quizás con herramientas de piedra o hierro. la
ubicación y uniformidad de las marcas sugieren que los vikingos no
se hacían daño al limar su dentadura. Es probable que estas
hendiduras - tal vez coloreadas con grasa y carbón_ denotaran la
profesión o fueran distintivos de honor para los guerreros. El
arreglo dental se practica en diversas culturas alrededor del mundo,
pero nunca había sido observado en Europa-. Michael Klesius.
Fuente: National Geographic Español- octubre de 2006 |
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Momias
Europeas
Luego de unos 1,600 años de su muerte, el ‘‘Rojo Franz’’
conserva mucho de su cabello y barba, aunque las aguas del pantano
han teñido el pelo de rojo. A juzgar por las deformidades óseas,
parece que pasó gran parte de su vida a caballo. Estudios recientes
del cuerpo, hallado hace un siglo en Alemania, han determinado que
sobrevivió a una herida de flecha y a la fractura de un hombro, y
que murió degollado.
Recientes estudios de la ‘‘niña’’ de Windeby,
junto con
pruebas preliminares de ADN, revelaron que probablemente fuera un
varón. El vello corporal, que en principio se creyó había sido
afeitado para señalar a la joven como adúltera, tal vez fue
arrancado por las paletas de los arqueólogos. La tira de tela que
rodea el rostro, inicialmente interpretada como mordaza o venda de
ojos utilizada durante la tortura, se considera ahora nada más un
elemento para cubrir los ojos del cadáver. Vestido con una capa de
cuero forrada con pieles, el niño fue enterrado en un pantano del
norte de Alemania.
El
mismo pantano danés que, durante 2,500 años, preservó las
extremidades, manos y pies de la Mujer de Borremose, quizá terminó
por aplastarle el rostro y hacer que desaparecieran sus rasgos.
La
mujer de 25 a 30 años fue envuelta en una falda después de su
muerte, quizá debida a un golpe en la parte posterior de la cabeza,
y depositada en una turbera cerca de los restos de un infante. Las
aguas del pantano, ricas en tanino, evitaron la descomposición de su
piel, músculos y tendones, pero es posible que el peso de la turba
haya fracturado los huesos, explicando así las lesiones que los
investigadores inicialmente creyeron causadas por sus verdugos.
Trenzado
con elegancia, el cabello del Hombre de Osterby, cuerpo extraído de
un pantano del norte de Alemania, está enroscado en un estilo de la
Edad de Hierro denominado nudo swabiano. El historiador romano
Tácito escribió que los hombres libres que pertenecían a un grupo
llamado suevio llevaban el cabello de esa manera, y que los
guerreros jóvenes de otras tribus germánicas copiaron el estilo.
‘‘Así visten cuando van a guerrear –escribió Tácito–, y decoran sus
cabezas para aumentar en estatura y terror a los ojos del enemigo’’.
El
Hombre de Oldcroghan fue encontrado sin piernas ni cabeza al pie de
una colina que marca una frontera irlandesa de la antigüedad. En la
actualidad convergen allí dos aldeas al oeste de Dublín. Hace dos
mil años, la zona sirvió de frontera entre dos reinos –los
territorios de Tuath Cruachain y Tuagh na Cille. Eamonn Kelly,
guardián de antigüedades irlandesas en el Museo Nacional de Irlanda,
opina que el Hombre de Oldcroghan fue sacrificado a una diosa de la
fertilidad durante la inauguración de un nuevo monarca, para luego
desmembrarlo y dispersar sus pedazos por la frontera del reino a fin
de llevar protección y prosperidad. |